miércoles, 16 de enero de 2008

Carta a mi querida madre

Como este blog está pensado para peques y no tan peques, todos nosotros, aunque ya seamos mayores, seremos siempre los peques de nuestros padres.

Seguramente muchos de vosotros habréis recibido esos E-Mails en cadena en que nos recuerdan que hay que dar las gracias o tener buenas palabras para esa persona querida, antes de que sea tarde. La mayoría no lo hacemos, pensamos en nosotros, en nuestras vidas, nuestros trabajos, nuestros hijos, etc., pero llegará un momento en la vida en el que ya no sirve de nada o no será posible pronunciar esas palabras.

Hay sufrimientos que son perpetuos. Por ello, por favor, decidle a esa persona querida, cuánto la estimáis, apreciáis, valoráis y amáis, porque puede llegar ese día en que ya no tengamos la oportunidad para hacerlo. Esta es mi historia.

“Te fuiste muy lejos de mí, pero me dejaste el legado más apreciado”.

El adiós de mi madre es mi mayor sufrimiento. A esa mujer de armas tomar, llena de energía, valentía y sobre todo, buena madre, le diagnosticaron uno de los peores males que se puedan imaginar. Los médicos dijeron que apenas le quedaban dos meses de vida. No me lo pude creer, esa mujer tan vivaracha, no podía ser. ¡Se me vino el mundo abajo!

Efectivamente, no se habían equivocado. Estuve dos meses a su lado viendo como se iba apagando, día a día, poco a poco. Su sufrimiento era agotador, nada la hacía paliar el dolor. Mi sufrimiento, aunque incomparable, era de impotencia y rabia por no poder hacer nada, mi mente estaba llena de preocupaciones y estaba totalmente entregada a cuidarla, que cuando menos lo esperaba, llegó ese día nefasto. Mi madre ya no reconocía a nadie, ni siquiera a mi misma y aunque le pedía que por favor no se fuera, que la necesitaba, ella solamente se quejaba de su dolor y la agonía era cada vez mayor.

La noche antes de dejarnos, le pedí a Dios que por favor la calmara su sufrimiento, que la liberase de ese dolor insoportable y que la dejase descansar en paz. Me escuchó.

A la mañana siguiente aún pude apreciar su último suspiro, fue un suspiro de alivio y cerró sus ojos para siempre. Mi corazón continúa triste, triste porque no me pude despedir de ella, triste porque no pude decirle cuánto la quería, triste porque tenía tanto que contarle. Sólo le pude dar un último beso de despedida.

Aún hoy en día veo su imagen y ese último suspiro de aquel fatídico 2 de marzo de 1999, y os puedo asegurar que mi sufrimiento sigue tan vivo como entonces. Ese sufrimiento será mi cruz eterna por haber pedido a Dios que la aliviase de su dolor y por no haberme podido desahogar diciéndole cuánto la quería. A cambio, los dos, me recompensaron con el regalo más apreciado por mí, mi primera hija nació justo 1 año después, el 3 de marzo y es su vivo retrato.

¡Gracias mamá, gracias porque en mi hija permanece vivo tu espíritu y tu bondad, con ello me has demostrado que, aunque yo no fui capaz de decirte a tiempo cuánto te quería, tú si me has demostrado tu cariño!

17 comentarios:

Valquiria dijo...

No tengo palabras...... sólo un nudo en la garganta y lágrimas que salen de mis ojos.
Besitos.

pequesynotanpeques dijo...

Gracias Valquiria, pues sí, cuando estaba escribiendo la carta me pasaba lo mismo, pero tenía que dejar constancia de ello y hacer ver que tenemos que valorar a los que están a nuestro lado, antes de que sea tarde. Un beso.

Alberto dijo...

Cariño, has conseguido arrancarme las lágrimas. Una historia impactante a la vez que preciosa, porque la conozco de primera mano. Realmente es así, cuando nos queremos dar cuenta ya es demasiado tarde.
Te quiero, tu marido

Esther dijo...

Carayo cuañada, menuda historia... Besitos

Jerusalem dijo...

Por fin encontré tu blog... Que duro debe ser peder a una madre...

Un beso enorme

pequesynotanpeques dijo...

Bienvenida Jerusalem, muchas gracias, sí, la verdad que es muy duro, pero la vida tiene que seguir, sobre todo por mis dos hijas, que es lo más hermoso que me ha pasado.

(por cierto, mis blogs figuran en mi perfil de Fair Lady en Caballero ZP, no sabía que fuera díficil acceder a ellos)

Un besazo

tú cuñada dijo...

pero que torpe, hasta que no me has dado la dirección no lo encontraba.Una historia escrita con todo el corazón, las perdidas tan cercanas creo que no se superan nunca, gracias a dios y de momento aún no lo he sufrido directamente pero lo que si tengo claro es que tu carta reafirma mucho más la convicción que siempre he tenido, !HAY AMORES QUE SON INCONDICIONALES!

Fair Lady dijo...

A mi marido: gracias corazón.

A mis dos cuñadas del alma: gracias por vuestro apoyo

Y a los tres os digo, valorad a los que están cercanos, todos tenemos aunque sean 5 minutos al día para demostrar nuestro afecto.
Un beso

Airblue dijo...

No sabes cómo te entiendo y me identifico. Después de un hijo, el cariño de una madre es el más puro.

Yo tampoco me he recuperado.

Pere dijo...

Una carta preciosa! no te preocupes por no haberla dicho lo que la querias... a una madre hay cosas que no hace falta deirle, ella lo sabe.Tu que ya eres madre
lo entenderás.

Fair Lady dijo...

airblue y pere, me habéis conmovido con vuestros comentarios, son preciosos y muy profundos. Muchas gracias. Un beso a las dos.

Tork dijo...

Muy emotiva la carta a tu madre y tomaré lo dicho en el tercer párrafo, ya que todavía gracias a Dios tengo a mi lado esa persona que me dió la vida, lograste conmoverme y te doy gracias por recordarme algo tan importante.
Un abrazo fraterno

Fair Lady dijo...

Gracias Tork, sí, hay que valorar muchísimo a los que están a nuestro lado, yo he aprendido mucho de ello y me servirá para no cometer de nuevo esos errores.
Un abrazo enorme.

Bowman dijo...

Llego algo tarde, porque no estaba metido en esto de los blogs cuando lo escribiste, y hoy estoy de repaso de entradas antiguas. Esta me ha llegado.

Quédate con la seguridad de que estará orgullosa y se fue con la satisfacción de haberte dado la vida y haberte criado.

A lo mejor no le dijiste las cosas que querías con palabras, pero lo sabe. Ténlo por seguro. Por sus obras les conoceréis, reza el dicho. Y cuando estuviste allí a su lado le dijiste con tu presencia, tu apoyo y tu amor todo lo que ella necesitaba, e incluso algo más.

Decimos con lo que hacemos. Las palabras muchas veces no son necesarias. Ni tampoco son lo que necesitamos. Lo que le diste no tiene precio, igual que lo que ella te dio a ti.

Como te decía al principio, esta entrada tuya me ha llegado muy dentro. Veo poco a mis padres por circunstancias de la vida y el maldito estrés que sufrimos todos. Pero salgo ahora del trabajo y voy a verlos. Siempre será tiempo bien aprovechado. Gracias por abrirme los ojos.

Fair Lady dijo...

Gracias mi querido Bowman. Lo más bonito de esta triste historia, su recuerdo permanece vivo a través de mi hija Carolina, doy gracias a dios por ello.

Aprovecha aunque sean 5 minutos para verles, puede llegar el día en que llegues tarde.

Un beso enorme

Pedro dijo...

Conmovedor, de veras. Ese dolor parece que nunca vaya a desaparecer, y quizás así sea. Aunque termina transformándose en fuerza y energía vital.
Gracias por traerme hasta aquí.
Un beso.

Fair Lady dijo...

Gracias por visitarme Pedro, es cierto es un dolor permanente y más en estas fechas, pero sobre todo porque se fue demasiado pronto. Aunque ahora mis dos hijas me llenan y me hacen dichosa, siempre la echaré en falta, pero la vida sigue y hay que seguir con ella.

Un beso y nuevamente felicidades por vuestra futura criaturita que seguro ya espera impaciente por salir y descubrir un nuevo mundo:-)