Como este blog está pensado para peques y no tan peques, todos nosotros, aunque ya seamos mayores, seremos siempre los peques de nuestros padres.Seguramente muchos de vosotros habréis recibido esos E-Mails en cadena en que nos recuerdan que hay que dar las gracias o tener buenas palabras para esa persona querida, antes de que sea tarde. La mayoría no lo hacemos, pensamos en nosotros, en nuestras vidas, nuestros trabajos, nuestros hijos, etc., pero llegará un momento en la vida en el que ya no sirve de nada o no será posible pronunciar esas palabras.
Hay sufrimientos que son perpetuos. Por ello, por favor, decidle a esa persona querida, cuánto la estimáis, apreciáis, valoráis y amáis, porque puede llegar ese día en que ya no tengamos la oportunidad para hacerlo. Esta es mi historia.
“Te fuiste muy lejos de mí, pero me dejaste el legado más apreciado”.
El adiós de mi madre es mi mayor sufrimiento. A esa mujer de armas tomar, llena de energía, valentía y sobre todo, buena madre, le diagnosticaron uno de los peores males que se puedan imaginar. Los médicos dijeron que apenas le quedaban dos meses de vida. No me lo pude creer, esa mujer tan vivaracha, no podía ser. ¡Se me vino el mundo abajo!
Efectivamente, no se habían equivocado. Estuve dos meses a su lado viendo como se iba apagando, día a día, poco a poco. Su sufrimiento era agotador, nada la hacía paliar el dolor. Mi sufrimiento, aunque incomparable, era de impotencia y rabia por no poder hacer nada, mi mente estaba llena de preocupaciones y estaba totalmente entregada a cuidarla, que cuando menos lo esperaba, llegó ese día nefasto. Mi madre ya no reconocía a nadie, ni siquiera a mi misma y aunque le pedía que por favor no se fuera, que la necesitaba, ella solamente se quejaba de su dolor y la agonía era cada vez mayor.
La noche antes de dejarnos, le pedí a Dios que por favor la calmara su sufrimiento, que la liberase de ese dolor insoportable y que la dejase descansar en paz. Me escuchó.
A la mañana siguiente aún pude apreciar su último suspiro, fue un suspiro de alivio y cerró sus ojos para siempre. Mi corazón continúa triste, triste porque no me pude despedir de ella, triste porque no pude decirle cuánto la quería, triste porque tenía tanto que contarle. Sólo le pude dar un último beso de despedida.
Aún hoy en día veo su imagen y ese último suspiro de aquel fatídico 2 de marzo de 1999, y os puedo asegurar que mi sufrimiento sigue tan vivo como entonces. Ese sufrimiento será mi cruz eterna por haber pedido a Dios que la aliviase de su dolor y por no haberme podido desahogar diciéndole cuánto la quería. A cambio, los dos, me recompensaron con el regalo más apreciado por mí, mi primera hija nació justo 1 año después, el 3 de marzo y es su vivo retrato.
¡Gracias mamá, gracias porque en mi hija permanece vivo tu espíritu y tu bondad, con ello me has demostrado que, aunque yo no fui capaz de decirte a tiempo cuánto te quería, tú si me has demostrado tu cariño!


Este perro de la foto se llamaba Natividad. Ya no está vivo. Lo mató Guillermo Habacuc Vargas, un hijodelagranputa que se hace llamar artista. Lo cogió de la calle y lo utilizó para una "obra de arte", en el año 2007, llamada "Eres lo que lees", en la que el perro, atado a la pared, no recibía alimento mientras que en la pared se podía leer el título de la "obra" escrita con bolas de pienso.









